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Hombre preso que mira a su hijo. Benedetti.

Un texto para llorar. Trabajo que reconstruir. al "viejo" hache Cuando era como vos me enseñaron los viejos y también las maestras bondadosas y miopes que libertad o muerte era una redundancia a quién se le ocurría en un país donde los presidentes andaban sin capangas que la patria o la tumba era otro pleonasmo ya que la patria funcionaba bien en las canchas y en los pastoreos realmente botija no sabian un corno pobrecitos creían que libertad era tan sólo una palabra aguda que muerte era tan sólo grave o llana y cárceles por suerte una palabra esdrújula olvidaban poner el acento en el hombre la culpa no era exactamente de ellos sino de otros más duros y siniestros y éstos sí cómo nos ensartaron con la limpia república verbal cómo idealizaron la vidurria de vacas y estancieros y cómo nos vendieron un ejército que tomaba su mate en los cuarteles uno no siempre hace lo que quiere uno no siempre puede por eso estoy aquí mirándote y echándote de menos por eso es que no puedo despe...

Cronometria

Cuento los días: desde que nací en tu boca, desde que conocí el mar y sus secretos, desde que las estrellas murieron, desde que hizo frío y amaneció nevando en mi piel. Sueño esos días, tan lejanos, tan simples, llenos de dolor, de formas nuevas. Sueño con esas tardes y madrugadas en los brazos de la desolación buscando fuego y esperanza para un corazón que agonizaba en fosas, en las calles, en las escaleras del patio de tu casa. Voy rompiendo esas horas en las que no estás. Reconstruyo esos minutos llenos de sueños puros y de bondad. Te sueño azul, verde y lila con olor a tierra, a agua, a vida. Voy iluminada, amorosa, tierna, reventada. Voy misteriosa, volando en el mundo como espora. Voy en el agua y en la sangre. Voy en tu voz. Esos días contados: esos que señalo con mi cuerpo y con mi tiempo (que se llama mi vida ). Mis días van sumados y restados, enumerados en el asfalto, marcados, viviendo a cada instante el último minuto.

Kiosko en Santa María la Ribera

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After Such Pleasures

Esta noche, buscando tu boca en otra boca, casi creyéndolo, porque así de ciego es este río que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados, qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor sabiendo que el placer es ese esclavo innoble que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo. Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas ni esperanza. Solo en mi casa abierta sobre el puerto otra vez empezar a quererte, otra vez encontrarte en el café de la mañana sin que tanta cosa irrenunciable hubiera sucedido. Y no tener que acordarme de este olvido que sube para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos y no dejarme más que una ventana sin estrellas. Julio Cortázar

Inventario

Repetir el primer error, desde la sombra. La sombra es una lágrima que no huye. Huyendo voy, ocultando la luz que nacía en un cuerpo vacío. Encontrando estoy, la piedra de la locura. Miro hacia todas direcciones, los puños se cierran, las olas se rompen, desvanecidas las esperanzas en el reloj de piedra, las puertas se azotan, hay que romperse las mandíbulas amando, gritar en el fondo de los mares este deseo que amortaja, un ave levanta el vuelo, las pupilas se dilatan, se quiebran los cristales, mi piel encendida busca ese lugar donde hela un corazón podrido. Repetido está el segundo error, desde la luz. En la penumbra dormía esa felicidad, y era mentira y era dulce y era pura y era mentira. En la luz se despertaba el deseo, vacío de futuro, vacío de temor, vacío de larvas, vacío. Repetido el tercer error, tenía tu corazón la forma del cielo.

La rosa primitiva

Escribo bajo el ala del ángel más perverso: la sombra de la lluvia y el sonreír de cobre de la niebla me conducen, oh estatuas, hacia un aire maduro, hacia donde se encierra la gran severidad de la belleza. Escribo las palabras y el penetrante nombre del poema, y no encuentro razón, flor que no sea la rosa primitiva de la ciudad que habito. Nunca el poema fue tan serio como hoy, y nunca el verso tuvo la estatura de bronce de lo que no se oculta. Hacia el amor, las manos, y en las manos, gimiendo, hojas de yerba amarga del pensamiento gris, secas raíces de una melancolía sin huesos, la danza del deseo muerto a vuelta de esquina y un sollozo frustrado gracias a la ternura. Hacia el amor, sonrisas, y en ellas, como almas, el malogrado espíritu de un mensaje que un día cobró cierta estructura, y que hoy, entorpecido, circula por las venas. Nunca digas a nadie que tienes la verdad en un puño, o que a tus plantas, quieta, perdura la virtud. Ama con sencillez, como si nada. Sé dueño de tu inf...

Baudelaire...

Gran destino el de la poesía... Contradice sin cesar el hecho -o ya no es poesía-. En el calabozo se hace rebelión; en la ventana del hospital, ardiente esperanza de curación... No sólo testimonia, sino que repara, y así se hace negación de la iniquidad. Charles Baudelaire [XXVI,130]