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After Such Pleasures

Esta noche, buscando tu boca en otra boca, casi creyéndolo, porque así de ciego es este río que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados, qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor sabiendo que el placer es ese esclavo innoble que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo. Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas ni esperanza. Solo en mi casa abierta sobre el puerto otra vez empezar a quererte, otra vez encontrarte en el café de la mañana sin que tanta cosa irrenunciable hubiera sucedido. Y no tener que acordarme de este olvido que sube para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos y no dejarme más que una ventana sin estrellas. Julio Cortázar

Inventario

Repetir el primer error, desde la sombra. La sombra es una lágrima que no huye. Huyendo voy, ocultando la luz que nacía en un cuerpo vacío. Encontrando estoy, la piedra de la locura. Miro hacia todas direcciones, los puños se cierran, las olas se rompen, desvanecidas las esperanzas en el reloj de piedra, las puertas se azotan, hay que romperse las mandíbulas amando, gritar en el fondo de los mares este deseo que amortaja, un ave levanta el vuelo, las pupilas se dilatan, se quiebran los cristales, mi piel encendida busca ese lugar donde hela un corazón podrido. Repetido está el segundo error, desde la luz. En la penumbra dormía esa felicidad, y era mentira y era dulce y era pura y era mentira. En la luz se despertaba el deseo, vacío de futuro, vacío de temor, vacío de larvas, vacío. Repetido el tercer error, tenía tu corazón la forma del cielo.

La rosa primitiva

Escribo bajo el ala del ángel más perverso: la sombra de la lluvia y el sonreír de cobre de la niebla me conducen, oh estatuas, hacia un aire maduro, hacia donde se encierra la gran severidad de la belleza. Escribo las palabras y el penetrante nombre del poema, y no encuentro razón, flor que no sea la rosa primitiva de la ciudad que habito. Nunca el poema fue tan serio como hoy, y nunca el verso tuvo la estatura de bronce de lo que no se oculta. Hacia el amor, las manos, y en las manos, gimiendo, hojas de yerba amarga del pensamiento gris, secas raíces de una melancolía sin huesos, la danza del deseo muerto a vuelta de esquina y un sollozo frustrado gracias a la ternura. Hacia el amor, sonrisas, y en ellas, como almas, el malogrado espíritu de un mensaje que un día cobró cierta estructura, y que hoy, entorpecido, circula por las venas. Nunca digas a nadie que tienes la verdad en un puño, o que a tus plantas, quieta, perdura la virtud. Ama con sencillez, como si nada. Sé dueño de tu inf...

Baudelaire...

Gran destino el de la poesía... Contradice sin cesar el hecho -o ya no es poesía-. En el calabozo se hace rebelión; en la ventana del hospital, ardiente esperanza de curación... No sólo testimonia, sino que repara, y así se hace negación de la iniquidad. Charles Baudelaire [XXVI,130]

Retroceder

Retroceder y regresar a tu nombre, contemplar la extraña emancipación de mis ojos, mirar de lejos mi cuerpo: mis manos que sólo se tienen a ellas, mis piernas temblando, mi boca gritando. Contemplación de la lejanía a través de tu voz, el veneno que nunca busco pero siempre hallo. Siento el aire a mis cabellos acariciando, la suave y triste luz de las calles, se asoma a mi mirada la negra misión: pelear contra mi misma. Siempre he hallado un lugar donde esconderme, pasar por los muros, caminar sobre el aire, buscar la piel que encienda el cansancio de los años.

Desvelado Amor. Alí Chumacero.

Cayó desnuda, virgen, la palabra; cayó la virgen desnudada bajo mi cuerpo, trémulo latir que hoy apenas si me pertenece y me embriaga con cálido rumor, rodea mi epidermis, se introduce letal bajo mi lengua, y mis párpados no lo miran pero lo sienten desalado, desolado que busca entre la noche la amarga conjunción de dos manos eternamente unidas en el estrecho abrazo de la muerte. Calló la voz. Mudos los labios ciñéronse a la sombra incendiando el incienso de su caída flor; tan quietos como el sueño que también esperaban con ansiedad de ciego sobre el tacto; descansando angustiosos como el árbol sin fruto bajo la primavera. Y mi cuerpo cayó a un desesperado cuerpo, y desde entonces siente cómo crecen sus nervios en una dura ruina hecha de sombra y voz estremecidas por el vivo temor de estrecharse a la noche, como el mar a las aguas que lo nutren o la voz a los labios, fuente muda; y en la quietud nacida de este limpio silencio que por mi cuerpo corre, destrozados los labios, la voz y l...